El tratamiento altas capacidades está dirigido a adolescentes, jóvenes y adultos que presentan malestar emocional asociado a un perfil de alta capacidad intelectual.
Las altas capacidades no siempre generan dificultades, pero cuando aparecen autoexigencia elevada, ansiedad, bloqueo o sensación de desajuste, puede ser necesario un acompañamiento psicológico especializado.
No se trata de potenciar la capacidad intelectual, sino de trabajar:
regulación emocional,
gestión de la autoexigencia,
adaptación académica o profesional,
identidad personal,
dificultades relacionales.
El enfoque es individualizado y basado en evidencia científica.
Ansiedad académica.
Desmotivación o bloqueo.
Dificultades sociales.
Sensación de incomprensión.
Perfeccionismo paralizante.
Dudas vocacionales persistentes.
Alta exigencia con desgaste emocional.
Dificultades en la adaptación universitaria.
Sensación crónica de desajuste.
Ansiedad o agotamiento mental.
Dificultades relacionales.
Identificación tardía de altas capacidades.

Aprender a gestionar intensidad afectiva y pensamientos recurrentes.

Reducir patrones rígidos que generan bloqueo o frustración.

Integrar el propio perfil sin que se convierta en una fuente constante de conflicto.

Desarrollar estrategias realistas y sostenibles.
El tratamiento altas capacidades se desarrolla mediante:
El proceso se adapta a modalidad online o presencial.
Se realiza una entrevista clínica para comprender el motivo de consulta, el contexto personal y las áreas de malestar.
Las sesiones combinan trabajo cognitivo y emocional, abordando autoexigencia, regulación emocional y adaptación académica o profesional.
La intervención se adapta al perfil de pensamiento propio de las altas capacidades.
De forma periódica se revisan los avances y se ajustan los objetivos si es necesario.
El proceso se orienta hacia una mayor autonomía y equilibrio personal.
La evaluación altas capacidades permite diferenciar distintos perfiles.
Las altas capacidades no constituyen una categoría única ni homogénea. Existen formas diversas de manifestación cognitiva y emocional.
Desde el enfoque clínico, distinguimos los siguientes
La superdotación intelectual se caracteriza por un funcionamiento cognitivo significativamente elevado y equilibrado en varias áreas.
Incluye habitualmente:
razonamiento verbal alto,
razonamiento lógico-matemático elevado,
pensamiento abstracto,
rapidez en el aprendizaje,
capacidad de transferencia entre dominios.
Puede coexistir con dificultades emocionales o de adaptación.
Nota clínica: no implica necesariamente alto rendimiento académico.
El talento hace referencia a un rendimiento muy elevado en áreas concretas, no de forma global.
Se distinguen varios subtipos:
Destaca una única área cognitiva o expresiva (por ejemplo, matemática, verbal, espacial, musical o creativa).
Existen varias áreas de alto rendimiento, pero no todas.
Se combinan distintas capacidades que interactúan entre sí (por ejemplo, razonamiento + creatividad + memoria).
Nota clínica: el talento puede pasar desapercibido si el contexto no lo favorece.
La precocidad intelectual implica un desarrollo cognitivo temprano, especialmente visible en la infancia.
Características:
aprendizaje más rápido que el grupo de edad,
adelanto en hitos intelectuales,
posible normalización posterior.
Nota clave: la precocidad no equivale necesariamente a altas capacidades estables en la edad adulta.
La doble excepcionalidad describe perfiles en los que coexisten altas capacidades y alguna dificultad o condición clínica.
Puede incluir:
TDAH,
trastornos del aprendizaje,
ansiedad significativa,
trastornos del estado de ánimo,
otras condiciones del neurodesarrollo.
Nota clínica: este perfil es frecuentemente infradiagnosticado.
Desde la clínica observamos que muchas personas:
No encajan de forma “pura” en una sola categoría.
Presentan desajustes entre capacidad cognitiva y adaptación emocional.
Muestran altos niveles de pensamiento con dificultades en regulación emocional o social.
Por eso, más que “poner una etiqueta”, el objetivo es comprender el perfil cognitivo y emocional global.
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Un tratamiento especializado permite:
Comprender la relación entre capacidad intelectual y malestar emocional.
Reducir autoexigencia disfuncional.
Mejorar regulación emocional.
Desarrollar estrategias adaptativas.
Integrar el propio perfil de forma más equilibrada.
No busca modificar la capacidad, sino mejorar el bienestar psicológico.
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No es imprescindible contar con un diagnóstico previo. El tratamiento puede iniciarse cuando existe malestar emocional asociado a un perfil de alta capacidad, aunque no se haya realizado una evaluación formal. En caso de que durante el proceso surja la necesidad de una valoración específica, se orientará adecuadamente.
El tratamiento en altas capacidades tiene en cuenta características específicas como la intensidad emocional, el pensamiento analítico profundo o la autoexigencia elevada. Estas particularidades influyen en la forma de intervenir, el ritmo del proceso y las estrategias utilizadas. No se trata de un enfoque genérico, sino adaptado al perfil cognitivo.
La duración depende de los objetivos planteados y del momento vital de la persona. Algunas situaciones requieren intervenciones breves centradas en un problema concreto; otras necesitan un proceso más continuado. La duración se revisa periódicamente para asegurar que el tratamiento mantiene sentido clínico y no se prolonga sin finalidad clara.
Si consideras que el tratamiento altas capacidades puede ayudarte, puedes solicitar una primera orientación profesional.
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